Cada etapa tiene su momento: primero definimos el estilo y el presupuesto, después los proveedores y los detalles. Este es el orden que seguimos para que nada quede librado al azar.
Nos reunimos para conocer la historia de la pareja, el lugar soñado, la cantidad de invitados y el tono general de la celebración. De esta charla salen las primeras decisiones: fecha tentativa, tipo de ceremonia y un orden de prioridades claro.
Con el rumbo marcado, trabajamos sobre la estética: tonos marfil, rosa empolvado o verde eucalipto, texturas de lino, madera o cerámica. Armamos un tablero de referencias y un documento con las opciones de decoración que se ajustan al presupuesto real.
Contactamos a cada proveedor con una brief escrita: florista, catering, fotógrafo, música y mobiliario. Confirmamos disponibilidad, tiempos de montaje y entregas. También dejamos por escrito los planes alternativos para lluvia o cambios de último momento.
Diseñamos las invitaciones, los programas de ceremonia, las tarjetas de mesa y la señalética del evento. Cada pieza sigue la misma línea visual y se imprime con papel y tipografía acordes al estilo elegido, sin perder de vista los costos de producción.
Una semana antes del evento recorremos el espacio, verificamos la iluminación, el sonido y la disposición de las mesas. Hacemos un ensayo general con el coordinador del día y dejamos un cronograma escrito para que cada proveedor sepa exactamente qué hacer y a qué hora.
Durante la jornada acompañamos cada momento: la llegada de los invitados, la ceremonia, el brindis y el baile. Nos ocupamos de que los detalles estén en su lugar y de resolver cualquier imprevisto para que la pareja pueda vivir el día con tranquilidad.
Cada etapa del proceso tiene un propósito claro: que tomes decisiones con tiempo, sin improvisar sobre la fecha y sin que los detalles se te escapen.
Armamos una línea de tiempo con hitos concretos: reserva de salón, prueba de menú, envío de invitaciones. Así sabés qué hacer cada semana y qué puede esperar.
Separamos gastos en categorías visibles: catering, flores, fotografía, música y papelería. Vas a ver dónde se va cada peso y dónde conviene recortar sin perder estilo.
Trabajamos con una red de proveedores que ya conocemos: floristas, catering, DJs y fotógrafos. Cada uno firma contrato con fecha, alcance y precio cerrado.
Primero paleta y estilo, después decoración y mobiliario, al final los detalles. No vas a estar cambiando el color de las servilletas una semana antes de la boda.
Si tu celebración es al aire libre, definimos desde el inicio la alternativa bajo techo, el plan de lluvia y los tiempos de montaje. Nada se decide a último momento.
Estamos presentes el día del evento coordinando horarios, proveedores e imprevistos. Vos y tu pareja disfrutan; nosotros nos ocupamos de que todo fluya.
Estas aclaraciones ayudan a entender qué incluye cada etapa, qué depende de ustedes y cómo trabajamos con los proveedores.
No tomamos decisiones por ustedes ni imponemos una estética. Nuestra tarea es ordenar las ideas, proponer opciones concretas y ajustar cada detalle según lo que realmente quieren vivir ese día. Ustedes aprueban cada paso, desde la paleta de colores hasta la distribución de las mesas, y nosotros nos encargamos de que todo llegue a tiempo.
Para una boda con proveedores externos, recomendamos comenzar entre diez y catorce meses antes. Si ya tienen fecha y faltan menos de seis meses, igual podemos ayudarlos: ajustamos el alcance, priorizamos lo esencial y trabajamos con una lista más acotada de opciones. Cada planificación se adapta al tiempo real disponible.
Es más común de lo que parece. En la primera etapa hacemos una sesión de inspiración donde revisamos referencias, texturas, flores y ambientes que les generen algo. A partir de ahí armamos un tablero visual y definimos juntos una dirección clara. No necesitan llegar con un concepto cerrado; lo construimos paso a paso.
Los imprevistos existen, pero se gestionan mejor cuando hay un plan de contingencia. Trabajamos con proveedores que ya conocemos y con contratos que contemplan alternativas para clima, reemplazos de último minuto y ajustes de horario. Si algo cambia, ustedes reciben una propuesta de solución en el día, no una lista de problemas.
Solo tres cosas: la fecha tentativa, la cantidad aproximada de invitados y el lugar donde imaginan la celebración. El resto lo vamos completando juntos. No hace falta tener presupuesto cerrado ni lista de proveedores; esa información la ordenamos en la segunda etapa, cuando ya definimos prioridades.